¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

Translate

domingo, 28 de septiembre de 2014

La familia (segunda parte)


Pablo se sentía atrapado en una casa de locos. ¿Qué estaban tramando aquellos payasos? Las miradas del padre y del hijo eran macabras, al igual que la sonrisa de Elena. Ella no le soltaba el brazo y trataba de mirarlo a los ojos...

sábado, 27 de septiembre de 2014

La familia (primera parte)

Pablo estaba algo nervioso porque no sabía si los padres de Elena, su novia, iban a simpatizar con él. Después se tranquilizó pensando que sus preocupaciones eran exageradas. Solo era una simple cena con sus posibles futuros suegros. De saber lo que le esperaba hubiera temblado de miedo y nunca hubiera ido.
Él acostumbraba cenar temprano, mas aparentemente la familia de Elena lo hacía bastante tarde, a juzgar por la hora que ella le indicó. Cuando salió de su casa ya estaba oscuro.   No le gustaba manejar de noche en las rutas, y menos en los caminos rurales, pero como iba a ver a Elena no le importó tanto. 
Hacía poco que la conocía, pero su belleza lo tenía cautivado desde que la vio, aunque a veces la personalidad de ella lo desorientaba un poco, porque tenía unos cambios de ánimo repentinos, y por instantes parecía hasta propensa a la violencia, pero siempre terminaba aclarando que solo bromeaba.   Como antes de conocerla él ya se estaba convenciendo de que no había una mujer perfecta, creyó que tenía que adaptarse a ella y aceptarla junto a sus defectos. Pensaba que peor sería una mujer sosa y aburrida. 
Abandonó la ruta en el punto que ella le había indicado y dobló en un camino de tierra.
Enseguida se vio rodeado de bosques oscuros. En lugares así odiaba ver solo lo que iluminaban las luces del auto; no le gustaba la idea de que mas allá había todo un paisaje (y quién sabe qué cosas en él) oculto en la oscuridad. 
A su derecha se despejó una zona en el bosque, y vio las luces de la casa. El portón estaba abierto pero no se atrevió a seguir. ¿Sería aquella la casa? La vivienda estaba como a cuarenta metros del camino. Se abrió una puerta y bajo una luz exterior apareció Elena. Ella le indicó que arrimara el coche haciendo gestos con el brazo.  Al bajarse él se acomodó la corbata; ella lo recibió con un beso: 

- Pasa, te estamos esperando -le dijo Elena. 
- ¿Estoy bien así? No te pregunté si era formal. 
- Así estás mas que bien. No te preocupes. ¡Ah! Espera, dame las llaves de tu auto. 
- ¿Qué? ¡Jajaja! ¿Para qué las quieres? 
- Porque tal vez salgamos a dar una vuelta después, y yo quiero manejar. 
- ¿Manejar tú, a mi “bebé”? ¡Jajaja! Bueno, está bien. 

Era solo otra pequeña conducta rara de ella; Pablo le dio las llaves. Entraron a la sala. Aparentemente no había nadie en ella. En la mitad de la habitación había dos sofás grandes, y entre estos una mesita. Pablo miró a Elena; ella lucía una gran sonrisa, y lo tomó de un brazo: 

- ¿Dónde está tu familia? -le preguntó Pablo. 
- Mi padre está escondido detrás de ese sofá. 

A Pablo le dio gracia lo que ella dijo. Cuando miró hacia el sofá, alguien que estaba detrás de él se incorporó de golpe, con un grito, y estaba disfrazado de payaso. Tenía un atuendo de esos ridículos, una peluca negra que le caía hasta los hombros y la cara completamente maquillada con un fondo blanco, y alrededor de los labios y los ojos se había dibujado una especie de sombreado con rojo, y no le faltaba la clásica nariz de payaso. Su cuerpo era robusto, con una prominente panza, y su cabeza lucía grande incluso para aquel cuerpo. 
Como apareció tan repentinamente y con aquel grito, Pablo se echó hacia atrás, espantado, y hubiera retrocedido mas si Elena no lo estuviera tomando de un brazo. 
El susto de Pablo le causó mucha gracia al payaso, y lanzó una carcajada estrepitosa; Elena también se rió a carcajadas. ¿Qué diablos era aquello? Cuando Pablo quiso apartarse ella dejó de reír y le dijo: 

- No te espantes, solo es el bromista de mi padre. Es su forma de “romper el hielo”. perdóname. ¿Estás bien?
- Sí, claro. No me espanté, solo me sorprendí un poco. Que buena broma. 

El payaso dejó de reír también y se le acercó extendiéndole la mano:

- Remigio Furtado -se presentó el payaso-. Un gusto conocerlo. 
- Mucho gusto. Soy Pablo Rocha -cuando Pablo le sacudió la mano se quedó con ella porque esta se desprendió del brazo del payaso: era falsa. De nuevo los anfitriones se echaron a reír. 
- Disculpe, muchacho -dijo el payaso, con una voz solemne y burlona a la vez-, creí que estaba interesado en la mano de mi hija, no en la mía ¡Jajaja!

Pablo intentó sonreír pero solo le salió una mueca. Estaba sumamente incómodo. No sabía cómo reaccionar. Nadie está preparado para una situación así. No le asombraría encontrarse con un padre con cara de pocos amigos, o a uno indiferente, o que le demostrara desconfianza, antipatía, o a alguien que se mostrara campechano desde el principio, pero un payaso aterrador con bromas pesadas… nunca lo hubiera imaginado.   
Elena de nuevo se puso seria. Tomó la mano falsa y se la dio a su padre; este la guardó en un bolsillo enorme que tenía en la ropa. 

- Basta de bromas, papá, que lo vas a espantar -le pidió Elena. 
- Está bien. Con este, el número setenta y ocho, ¿o van setenta y nueve novios? No importa, con este me voy a portar bien -aseguró el payaso. 
- ¡Basta!, que va a creer que es cierto.  Pablo, él solo está bromeando. 
- ¡Jaja! Sí, ya me lo imaginaba -le aseguró Pablo. En realidad la broma le cayó como un yunque en la cabeza.  

Tras esa última intervención el payaso se sentó despatarrado en el sofá, con los brazos extendidos en cruz.  Elena se sentó con Pablo frente a este. La situación ya era insoportablemente incómoda, y empeoró cuando apareció en la sala otro payaso. Este era flaco y muy alto.  Se acercó dando pasos enormes hacia el sofá. Pablo se levantó para saludar. El payaso se detuvo muy cerca de él y lo miró fieramente: 

- Óyeme bien, “Don Juan”. Si le tocas solo un pelo a mi hermana, si le tocas solo un pelo… ¡es porque eres “raro”. Si esta es súper fácil! ¡Ah, jajaja!

Elena se levantó y le dio un puñetazo en la boca del estómago al payaso; este se dobló al recibir el golpe, aunque no dejó de reírse. 

- Te presento al estúpido de mi hermano -dijo ella con un tono rabioso-. Nicasio, hazme el favor de sentarte junto a papá y no abrir mas la boca, ¿está bien? 

El payaso flaco se sentó refunfuñando.   Tras este nuevo incidente se presentó la madre, que también estaba vestida de payaso. Entró a la sala cargando una bandeja.  Pablo sufrió una impresión horrible al ver lo que traía. Sobre la bandeja había una pollo vivo. Al pobre animal le habían quitado todas las plumas y tenía las patas maniatadas. Se encontraba panza arriba y sacudía desesperadamente las patas y sus alas, que al no tener plumas parecían unos muñones. El pollo lanzaba unos gritos agónicos, ahogados, y por instantes quedaba quieto, para después volver a luchar por lo poco que le quedaba de vida. 

- No soy experta en asar pollos -dijo la mujer-. ¿Les parece que todavía está algo crudo? ¿Qué opinan? ¿Lo dejo otro rato en el horno? -y lanzando una carcajada se marchó. 

La macabra broma le hizo gracia a todos menos a Pablo. Sintió que se le revolvía el estómago. ¿Acaso aquella era una familia de locos? Ahora prefería estar en cualquier lado menos allí. No podía creer lo que estaba viviendo. ¿Elena sería como ellos? Evidentemente tenía el mismo sentido del humor. Pensó que seguramente era una loca, que todos eran unos locos, y ahora estaba en una casa de locos. 
Pero apenas ella dejó de reír volvió a ser la que conocía, pero, ¿realmente la conocía? ¿Sería así siempre y había fingido ante él?  Ahora Pablo sentía que sus intestinos se retorcían.  Su familia no sabía dónde estaba la casa, Elena nunca se lo decía, siempre evadía el tema de alguna forma, y al invitarlo a cenar se la dijo pero solo un día antes de esa noche. Bien podían desaparecerlo si lo querían. Si le pasaba algo ella sería sospechosa, pero, ¿quién era ella? ¿qué sabía de ella? Supuestamente estudiaba en la universidad, mas él no tenía ninguna prueba de ello. Cada vez se sentía mas mal. 


Segunda parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/la-familia-ultima-parte.html 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

En un antiguo hospital

Cuando vi la cara de Domínguez temí por su salud. Estaba horriblemente pálido y sus ojos parecían enormes de tan abiertos que los tenía.  Si no fuera por su palidez y su expresión, me hubiera reído del tartamudeo que largó apresuradamente mientras señalaba hacia la pieza de dónde él venía. Le dije que hablara as despacio; él, haciendo un evidente esfuerzo para recuperar en parte la calma, respiró hondo varias veces y al fin dijo: 

- En la puerta del fondo de aquel cuarto… cruzó una enfermera por allí. Era un fantasma. 
- En todo caso era una aparición -le dije-. Si es de cuerpo entero es una aparición, no un fantasma. 

Si bien me gustaba bromear con él, no lo corregí para burlarme, lo hice porque sabía que ese comentario lo iba a enojar un poco, y por lo menos así se le pasaría el susto. Funcionó. Domínguez cambió el semblante y me miró de reojo. 

- No tomas nada en serio -me dijo. 
- En serio a veces tomo alguna cosita, dos o tres copas nomás -bromee. 

Con eso último terminó de componerse. 

- Vos siempre el mismo… no crees en nada. Pero aquí vas a hallar la horma de tu zapato. Ya te quiero ver corriendo cuando veas a esa enfermera. A ver, ve a la pieza, dale, si es solo un invento mío. Yo te espero en la puerta de afuera. Este lugar me da cosa en la espalda. 
- Voy, como no. Siempre me gustaron las uniformadas. ¿Cómo estaba esta? 

Domínguez sacudió la cabeza negando. 

- Vos siempre el mismo. Pero ahora vas a ver. Anda, ve solo. 

Hacía años que trabajaba con Domínguez. Él era un capataz de albañil muy bueno, y con él y los suyos hicimos muchas restauraciones de casas viejas, que es en lo que me especializo. Pero lo que Domínguez tenía de capaz, también lo tenía de supersticioso. Creía en todo. Se la pasaba trabajando con escaleras pero no pasaba bajo una ni por accidente, porque parecía nunca olvidarse de eso. Siempre tenía alguna historia de terror que alguien le había contado, pero las narraba a medias porque de solo pensarlo terminaba asustado. Y no era ningún cobarde, me consta; solo los asuntos paranormales lo asustaban.   Era hasta raro ver a un tipo con la espalda como un gorila impresionarse con un simple cuento de terror de los súper conocidos. Confieso que varias veces me divertí a costa de eso. 

Las casas que reparábamos siempre le daban mala impresión, y andaba atento a cualquier ruido, a pesar de que siempre trabajaba con varios peones.   No sé cómo duró tanto tiempo, supongo que por la paga, aunque varias veces tuve que convencerlo para que no renunciara. Trabajar para una empresa constructora o hacerlo por su cuenta como contratista era bajar de nivel. Las viejas casonas de los ricos, de viejos aferrados a los edificios donde nacieron, en la mayoría de los casos, dejaban mejor ganancia. 

En esa ocasión andábamos solo nosotros porque recién íbamos a hacer el presupuesto. El edificio estaba abandonado desde hacía mucho, y lo habían levantado hacía décadas para funcionar como hospital, función que cumplió como por cuarenta años, tengo entendido.  Desde que se enteró del proyecto Domínguez se mostró arisco. Un edificio que fue hospital, para él, sin ninguna duda tenía que estar embrujado. 
Fui hasta la pieza para demostrarle que no había nada. La habitación estaba vacía. En el fondo estaba la puerta por donde supuestamente había cruzado el fantasma. Esa abertura daba a un corredor absurdamente angosto, por él se podía acceder a otras piezas. Me pareció ridícula la formación casi laberíntica del lugar. No me preocupaba el fantasma, me preocupaba ahora el inmenso trabajo que teníamos por delante.
Eran cuartos pequeños, mal iluminados, las ventanas estaban ubicadas muy arriba y eran de reducidas dimensiones. La poca luz del día que entraba formaba un haz que iluminaba incontables motas de polvo que flotaban en el aire húmedo como si fueran una bruma.  El revoque de las paredes estaba casi todo en el suelo, y en todos lados se acumulaba una gruesa capa de polvo. 

Había visto muchas casas abandonadas, y esta tenía casi todas las características del abandono, pero también tenía algo particular. No vi indicios de la presencia de ratas o ratones. También era curioso que el pasillo no estuviera cruzado de telas de araña. Me habían dicho que nadie entraba desde hacía años, y Domínguez no había alcanzado aquella zona. No sería raro que a veces rondara por allí algún merodeador u ocupante ilegal, mas el polvo del piso confirmaba que nadie había puesto un pie allí desde hacía mucho. Sí había telas de araña cerca del techo y en los rincones, pero en el pasillo y en las entradas a las habitaciones no vi ninguna. 

Siempre me gusta buscarle una explicación a todo, y las que se me ocurrieron me resultaron irrisorias, mas fueron las únicas ideas que vinieron a mí. Pensé que no había ratas porque el instinto de los animales las mantenía lejos de allí; algunas presencias sobrenaturales debían espantarlas. La ausencia de telas de araña debía ser por el constante paso de las apariciones que, aunque no tienen una forma sólida, tienen la suficiente densidad como para romper las telas de araña, aunque no pueden dejar huellas en el polvo del piso, o estas son muy sutiles. Después me pareció que estaba pensando tonterías, pero no se me ocurría otra explicación. 
Cuando volvía por el pasillo, de pronto sentí un fuerte olor a líquidos antisépticos, el conocido olor a hospital. Giré un poco la cabeza, lentamente, hasta que capté que el olor se originaba detrás de mí. Hasta ahora no entiendo cómo no salí disparado de aquel corredor. Seguí caminando si voltear. Las piernas se me aflojaban de tanto que temblaba, estuve a punto de carme, pero con mucho esfuerzo mantuve la vertical hasta que salí de aquella galería. Allí dejé de sentir el olor.  
Domínguez me esperaba afuera: 

- ¿Y? ¿Ahora me crees? ¿Qué viste? 
- Nada -le contesté-. Solo que el local está muy mal, las paredes están podridas. No me dan las cuentas, tendríamos que cobrar demasiado. No es un proyecto viable. 

No le dije la verdad. Para qué aumentar su temor, con ver la aparición de una enfermera ya tenía suficiente.  

lunes, 22 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (última parte)

Hola. Para facilitarle la navegación por el blog a los que quieran leer este cuento, aquí está la primer parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-1.html 


Escapamos del horror de la escuela pero ahora estábamos en un lugar extraño. Nos rodeaban unos edificios altos y grises con muchas ventanas. El cielo color de plomo estaba anormalmente bajo, tanto que daba la impresión de que se lo podía tocar desde las terrazas de aquellos tétricos edificios. Por la calle flotaba una niebla que se hacía mas densa por instantes para después disiparse casi completamente, y así seguir un ciclo. Cuando la niebla estaba mas densa se acercaban con ella unas siluetas, y se alejaban enseguida al disiparse.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (tercera parte)

Al doblar en una esquina vimos la escuela. La fachada estaba bien conservada pero se notaba que era muy vieja.  Frente a aquel enorme edificio me di cuenta de algo. Aquel mundo parecía muy real pero empecé a notar diferencias: tenía miedo de entrar a aquella escuela, sin embargo no experimentaba ninguno de las síntomas del miedo, no sentía un temblor en las piernas, ni algo raro en el estómago, y aunque con los zombies me había aterrado terriblemente, no había experimentado ni un escalofrío. Ese momento fue muy importante, hasta me sentí un poco diferente, aunque no sabía definir qué era. Mas al entrar a la escuela ese estado se disipó, y ahora solo estaba asustado. 
Pasamos a un salón grande. La que nos llevó hasta allí, Brenda, miraba todo con cara de asombro: 

- Hace muchos años que no entraba a este lugar. Mi escuela… -dijo ella. 
- No es momento para ponerse sentimental -le dijo el líder-. Tenemos que enseñarle a este muchacho algunas cosas. 
- Tengo una pregunte -intervine-. ¿Por qué no entramos a cualquiera de aquellas casas? ¿Tiene que ser un local que ella conoce? 
- Así es. Si nunca estuviste dentro del lugar no vas a poder entrar, en este plano no. Vamos a buscar un lugar con una mesa, un aula. 

Los siete avanzamos por un corredor. La idea me parecía pésima. En cualquier momento iba a pasar algo. Me invitaron a sentarme al lado del escritorio que sería de la maestra. El líder andaba con una mochila. Sacó una vela, la encendió y la colocó parada frente a mí, y me indicó:

- Esto es un ejercicio de concentración. Cuanto mayor sea tu poder de concentración, con mas facilidad vas a poder escapar de “los del otro lado”, porque además de poder cambiar de “escenario” podrás hacer otras cosas, eso va a depender de tu nivel de atención. También vas a poder despertarte a voluntad, aunque para un adulto eso es difícil. 
- ¿Y por qué me están ayudando? -lo interrogué. 
- Estamos intentando ayudar a todos los que caen en este plano. 
- Bien pero, ¿qué pasa si me atrapan los zombies? ¿Cómo es eso de que ocupan los cuerpos? 
- Es algo complicado. Primero, no son zombies realmente, aquí no, tú los creaste así. Para otras personas son otros monstruos. Pero lo curioso es que al “verlos” así acertaste en qué se van a convertir si ocupan tu cuerpo. Si matan a alguien aquí después una de esas cosas ocupa su cuerpo inerte, lo anima, pero sin volverlo a la vida, o sea, se convierten en zombies, y pueden infectar con su mordida y todo.  Es curioso, hasta ahora solo habíamos visto a gente que los ve como monstruos. 

Mientras lo escuchaba recordé que había visto a medias unas noticias sobre gente mordiendo a otras como lo hacen los zombies en las películas. Me pareció algo tan ridículo que lo tomé por una farsa, una noticia exagerada, distorsionada, y me dio gracia cuando supe que mucha gente ya se estaba alarmando.  
Ahora aquel tipo me decía algo que explicaba el origen de los supuestos zombies. No podía ser coincidencia, y había dos posibilidades: lo de los ocupantes de cuerpo era real, o mi mente había inventado aquello por culpa de las noticias. Lo único seguro era que cada vez me inquietaba mas aquel lugar. 
Me enseñó una técnica de concentración que consistía en ver cada detalle de la llama de la vela. Me dijeron que podía hacerlo también en la vida real, si salía de aquel plano. Evidentemente tenían dudas. Tuve la impresión de que hasta el momento no habían podido salvar a ninguno.  Por algo que dijo la mujer que me defendió y por otras pistas deduje que eran científicos, y que de alguna forma habían “soltado” a “los del otro lado” como le llamaban ellos. No valía la pena preguntarles para que lo confirmaran, además tal vez todo era un invento de mi mente, no podía descartar eso aún.
Mientras yo trataba de concentrarme los otros estaban sentados en los pupitres. El líder estaba a mi lado.  Yo tenía la vista fija en la llama, pero con la visión periférica noté algo; en los pupitres había alguien mas. Levanté la vista. Tenía cuerpo de mujer, vestía un guardapolvo blanco, su cabellera era abundante y rizada y, su cara se parecía a la de un perro. Su boca era como la de un buldog, pero sus ojos eran humanos y su nariz también, era una combinación espantosa. 
En la vida real me habían contado una leyenda sobre una escuela embrujada, y me habían descripto al ser que rondaba en esa escuela de noche. Ahora estaba frente a mí. 
Los otros deben haber notado el terror en mi cara, y al seguir mi mirada la vieron, y evidentemente se aterraron también.    
Fui el primero en salir del aula, pero me detuve en el corredor porque este ahora estaba completamente oscuro. Los otros abrieron fuego y se desató otra balacera. Las mujeres abandonaron el salón tras de mí y por último lo hizo el líder. Él disparó hasta que cerró con fuerza la puerta. Todos encendimos las linternas. 

- ¡La clase no termina aún! -gritaba la maestra monstruosa dentro del salón-. ¡Si salen los va a comer el perro! 

Tenía sentido que aquel monstruo dijera eso, porque según la leyenda, la maestra soltaba a su perro en el patio de la escuela para que nadie se fugara cuando maltrataba a sus alumnos. Después de muerta de alguna forma su cara había adquirido los rasgos del perro. Era una leyenda muy tonta, pero ahora la estaba viviendo, y era aterradora. 
Salimos corriendo hacia la entrada, mas el corredor no terminaba, solo seguía a medida que avanzábamos. Y detrás nuestro iba la maestra monstruosa, y junto a ella ahora caminaban retorciéndose unos niños vestidos con jirones de ropa que clamaban y se lamentaban horriblemente. La maestra lanzaba una mezcla de carcajadas roncas y ladridos graves, mas roncos todavía. Y seguíamos en aquel corredor, y cada vez que iluminaba hacia atrás había mas niños deformes y esqueléticos que rengueaban o se arrastraban junto a la pesadillesca maestra.  Mis singulares compañeros les disparaban en la huída, pero era como si no lo hicieran porque no tenía ningún efecto.
El corredor no solo se extendía, también había cambiado, y pasábamos una y otra vez frente a la ventana baja de un salón, y en cada pasada la maestra infernal estaba haciendo alguna atrocidad. Eran imágenes rápidas, como iluminadas por fugaces relámpagos, pero todas eran espantosas. 

- ¡No son seres de el otro lado, son una creación! -gritó el líder-. ¡Brenda, controla esto, es tu zona!
- ¡No soy yo, es él! -ella se refería a mí-. ¡Tiene que controlar esto! 
- ¡Muchacho! -me gritó el tipo-. ¡Piensa en la salida! ¡Recuerda el salón grande, la puerta…! ¡Concéntrate! 

La mujer tenía razón, yo había creado aquello. Supongo que la leyenda me impresionó mucho mas de lo que quise reconocer.  
Hice un esfuerzo por recordar la salida. Cuando la imagen se me presentó clara de pronto estaba allí, frente a nosotros. Por fin pudimos salir de la escuela; pero, ¿dónde estábamos ahora? El paisaje había cambiado. 


Última parte:  http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-ultima-parte.html

jueves, 18 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (segunda parte)

Mi casa por fuera lucía como antes, y crucé bajo la sombra de un árbol que ya no está. Al entrar me sorprendí de nuevo. Todo estaba como en la actualidad, como está ahora. En la sala vi a mi nuevo televisor LED, todo era igual, era una locura. De no ser por el ruido de la balacera y los gritos de los zombies allá afuera, sería difícil creer que todavía me encontraba soñando.  Era mas que extraño hacerle caso a un “personaje” o ser onírico, pero la idea de buscar un arma era buena. Por lo menos me daría algo de confianza. Entré a mi cuarto y fui al rincón donde guardo mis cosas de acampar. Allí estaba todo. Tomé una bolso tipo morral que uso a veces en el monte y saqué una linterna que tenía en él, y me lo colgué cruzado en el hombro. Armas de fuego no tengo, pero al guardar mi navaja de supervivencia en el bolsillo y un machete corto en el morral igual me sentí mas seguro.  Escuché que desde afuera me gritaban que me apurara. Miré por la ventana; los zombies habían dejado de retroceder e iban ganando terreno.   Ya en la calle vi que mis aliados eran seis, y dos eran mujeres. 

- ¡¿Solo eso tienes?! -me gritó el que me había hablado anteriormente. 
- ¡Sí! ¡Si me prestan una de sus metralletas les agradecería! -le contesté. Que importaba que fuera un sueño, era tan real y tan aterrador que sería excelente tener una “tartamuda” en mi poder. 
- ¡No te podemos dar una, no te serviría de nada! ¡Compañeros, vámonos ahora!

Los seis salieron corriendo y yo junto con ellos. Al mirar sobre mi hombro vi que algunos zombies eran bastante rápidos, y sentí otro pico de terror. Pero cuando sus pasos ya sonaban muy cerca de nosotros uno de los del grupo me dijo: 

- ¡No mires hacia atrás! ¡Concéntrate solo en correr, en avanzar por esta calle! 

Su consejo resultó, y los fuimos dejando atrás. Iluminábamos nuestro camino con las linternas. En ese momento me pareció que la cosa iba mejorando. Teníamos luz, ellos sus metralletas, y parecían saber mucho sobre aquel mundo. Mas, en las pesadillas, cuando la situación mejora un poco es solo para empeorar mas después. 
Como seguimos corriendo en línea recta pronto salimos del barrio. Esa calle desemboca en una ruta, del otro lado de ella hay campos y arboledas. 
El que parecía ser el líder, el que me habló primero, se detuvo de pronto y los otros también; yo hice lo mismo porque no quería seguir solo. 

- ¿No hay mas ciudad por aquí? -me preguntó. 
- No, el grueso de la ciudad está detrás nuestro. 
- ¡Maldición! -protestó una de las mujeres. En la realidad esta no hubiera podido correr tanto, porque era muy gruesa, y la otra tampoco era muy atlética. También noté que los hombres eran veteranos, y tenías aspecto de profesor o doctor. Ahora creo que ellos no lo notaban, pero tenían puestos sus lentes.

Eran bien curiosos mis salvadores. ¿Por qué mi mente no había creado a unos soldados o algo así? Me hubiera gustado una heroína como de las películas. Entonces se me ocurrió que tal vez no eran personajes de mi sueño, tal vez eran otras personas que ahora estaban en aquel mundo. ¿Pero por qué me habían ayudado? ¿Por qué estaban preparados? Preferí no seguir pensando. Como fuera eran mis aliados, y ya que no podía despertarme prefería seguir con ellos.
Por alguna razón no les gustaba aquel paisaje; enseguida descubrí por qué. Unos ruidos llegaron desde el campo, ya los había escuchado hacía un rato. Eran aquellas cosas aterradoras de nuevo. Avanzaban por el campo, salían de entre los árboles, frente a nosotros, hacia un lado, hacia el otro, de los que estaban mas lejos solo se escuchaban los gemidos debido a la oscuridad. Y al volvernos hacia la calle, la horda ya estaba bastante cerca. 

- Tenemos que irnos de este lugar -dijo el líder del grupo-. Brenda, trata de sacarnos de aquí. 
- Es difícil, desde hace rato lo estoy intentando. Mientras él sigua viendo esto, no puedo -ella hablaba de mí.
- Muchacho-me dijo el tipo-, confía en nosotros, cierra los ojos por un momento, y no le prestes atención a esos ruidos, no te los imagines, piensa en otra cosa. Ahora.  

Como no pensar en aquellas cosas si ya estaban a metros de nosotros, y venían desde todos lados. Si dejaba de ver iba a quedar vulnerable. Mas después pensé “Esto, por mas raro que sea, es un sueño, no me puede pasar nada, y en el peor momento tal vez pueda despertar”. Cerré los ojos y traté de pensar en otra cosa, pero, ¿cómo hacerlo con aquellos gritos aterradores cada vez mas cerca? Pensé en mi familia, y de un momento a otro volvió el silencio. 

- Ya puedes mirar -me avisó uno. 

Era de día y estábamos rodeados de casas muy agradables, con jardines y árboles. Nunca en mi vida había estado en un lugar así, era una zona residencial, con buzones en el frente y cercas de madera. 
Ahora veía mejor a mis nuevos compañeros. La impresión que me causaron al verlos gracias a las linternas se reforzó; ninguno parecía un aventurero ni cosa parecida, y las armas que portaban desentonaban notoriamente con su aspecto y su vestimenta. Me los imaginaba mas ocupando el escritorio de un profesor o en el consultorio de un doctor, también podrían ser científicos.
El líder miró en derredor y le preguntó a Brenda: 

- ¿Dónde está tu casa? Ahora no me ubico. 
- Lo siento, está lejos. “Los del otro lado” estaban muy cerca y tuve mucho miedo. 
- Está bien -dijo uno de los hombres, el que parecía ser el mas joven-, ninguno de nosotros pudo hacerlo mejor, y este tipo está tan asustado que no ayuda -lo último lo dijo refiriéndose a mí. Los otros, menos una de las mujeres, asintieron con la cabeza, opinaban igual. 

Me sentí bastante ofendido, aunque era cierto. ¿Además de los sustos tenía que soportar eso en aquel sueño? Mis aliados ya no me simpatizaban mucho. Tal vez era mejor separarme, y si aquellos monstruos me alcanzaban, mejor, así me despertaba de una vez.  Hasta podía ser que los podridos aquellos huyeran si los enfrentaba; ahora tenía mi machete.
La mujer mas gorda pareció adivinar mis intenciones, y como parecía no estar de acuerdo con ellos se puso de mi lado: 

- Él no tiene la culpa, solo cayó en este plano sin quererlo, y para su mente debe ser muy difícil asimilar esto. Recuerden cuando ustedes empezaron, ¿acaso se olvidaron? Comparados con ustedes en esa época él es un témpano de hielo. Además, “los del otro lado” no habían invadido este plano como ahora. Y otra cosa, que estén aquí es culpa nuestra. 
- Suficiente -la interrumpió el líder-. No es momento de echarle la culpa a nadie. Brenda, ¿hay alguna casa que conozcas que esté mas cerca que la tuya? 
- No, a ver… ¡Ah! Está la escuela. Fui toda la primaria ahí, y está al doblar aquella esquina. 
- Entonces vamos hasta ahí. Tenemos que enseñarle algunas cosas a nuestro amigo para que pueda despertarse. 
- En eso estamos todos de acuerdo -opinó el que acababa de agraviarme-. No queremos que una de esas cosas ocupe otro cuerpo.
- No digas mas. Ahora vamos a la escuela. 

Lo que estaban diciendo era por demás inquietante. Aunque era increíble, comenzaba a creer que ellos no eran un invento de mi sueño, que eran unos onironautas, gente que experimenta con sueños lúcidos. No comenté nada porque había algo que me inquietaba mas, y era la idea de ir a una escuela, porque solía tener pesadillas con escuelas embrujadas. No se los dije para no quedar como un miedoso. Fue un error. 



Tercera parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-tercera-parte.html 


lunes, 15 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (primera parte)

Estaba todo muy oscuro y sentía algo de angustia. Caminaba por una calle que conozco de memoria, por eso podía reconocer en qué parte de ella me hallaba con lo poco que podía escudriñar de los contornos oscuros de las casas. ¿Por qué estaba tan oscuro? ¿Habría corte de luz? Miré hacia donde están las columnas de los focos, no encontré ninguna, no había ni una sola columna en toda la calle. Me resultó muy raro. ¿En qué momento retiraron las columnas, y para qué? Con la falta que me hacían las luces esa noche. Pensando en eso se me ocurrió otra pregunta: ¿Hacia dónde caminaba? En ese momento pasé a estar completamente consciente: aquello era un sueño. Las columnas de la luz no estaban porque me encontraba en una imagen, en un recuerdo de hacía muchos años, de cuando aún no ponían la luz (antes no había iluminación pública en los barrios, incluso actualmente no hay en todos). Sabía que soñaba, ¿y ahora? Giré para ver mi entorno. La oscuridad ocultaba muchas cosas, pero por lo que alcanzaba a ver, aquello era una réplica exacta de cómo era aquel lugar antes. Solo la oscuridad era exagerada, porque la mayoría de las casas (en la realidad) siempre tenían una lámpara encendida en el frente. También era atípico el silencio. Ni una pradera vasta en una noche sin viento es tan silenciosa. Era un sueño solo de imágenes.  
Al mirar hacia arriba quedé sorprendido. Por el cielo nocturno corrían presurosas unas nubes que se iban desintegrando o uniendo a medida que pasaban cerca de una consumida Luna menguante. ¿Cómo podía tener tantos detalles aquel mundo onírico? ¿Se formaría cuando yo miraba hacia algún lado o ya todo estaba allí sin que yo interviniese? 

Había leído algo sobre sueños lúcidos, sueños donde uno está completamente consciente. Por lo que sabía, supuse que en cualquier momento mis pensamientos se iban a “extraviar” rediciendo mi nivel de conciencia, mas después de lo que me pareció un buen rato seguía alerta. Pensé que estaba viviendo un sueño bastante atípico. De pronto se me ocurrió algo: ¿Si todo lucía como antes, también sería así con mi casa? Sentí algo de nostalgia. Enderecé rumbo a mi hogar. 
Había avanzado poco cuando la oscuridad se cerró mas. Ahora el cielo era todo negro y no se distinguía ningún horizonte. Las casas se borronearon en la negrura. Ya no veía ni por donde caminaba. De a poco me fui angustiando mas, y comprendí algo terrible; si el sueño se tornaba pesadilla y yo seguía consciente, el terror iba a ser insoportable. El saber que aquello solo era un sueño no era consuelo, porque era tan real como cuando uno está despierto; sentía lo mismo que se experimenta en la realidad, mi cuerpo, su peso, el caminar, todo era igual. 
Haciendo un esfuerzo por distinguir algo en aquellas tinieblas, las formas fueron volviendo de a poco. Cuando aparecieron las casas estuve algo confundido un momento, pero al avanzar mas me ubiqué. Ahora caminaba por otra calle, el escenario había cambiado. De todas formas igual iba rumbo a mi casa, y estaba a pocas cuadras. 
En esa calle vi algo que después resultó ser sumamente importante. Pasé frente a una casa grande y muy linda que no conocía. Como dicha calle queda muy a trasmano de donde suelo circular no paso mucho por ella. Resulta que en la realidad, la última vez que había pasado por allí el terreno estaba vacío como siempre lo estuvo. Sí me habían contado que estaban construyendo una vivienda en él, pero yo aún la veía.  Aquella construcción tenía que ser producto de mi imaginación, supuse, porque no podía ser un recuerdo.  El frente estaba revestido de un tipo de piedra blancuzca cortada en trozos rectangulares, muy bonito todo, y seguramente caro. ¿Acaso tenía la imaginación de un arquitecto? No recordaba haber visto una parecida. Curioso. Ahora tenía mas ganas de ver cómo luciría la mía. ¿El viejo árbol del terreno estaría en pie? 

No solo quería llegar a mi hogar por nostalgia, también quería sentirme seguro. La oscuridad de aquella noche onírica era tétrica. Temía que en cualquier momento se abriera una puerta y algo espantoso saliera disparado hacia mí. Solo con ver algo cruzando frente a una ventana o mirándome por una me hubiera espantado terriblemente. Lo que me esperaba resultó ser mucho peor. 
Ya casi alcanzaba mi hogar, estaba a una cuadra, cuando unos gritos enronquecidos y arrastrados que se mezclaban con gemidos rompieron repentinamente el silencio. No era solo un emisor, eran muchos los que lanzaban aquellos espantosos sonidos, y venían detrás de mí. Al volverme para mirar, el terror. Avanzaba por la calle una horda compacta de los mas espeluznantes zombies que puedan imaginarse. Mi peor pesadilla, y no la estaba viviendo bajo el atontamiento de un nivel bajo de conciencia, como sucede normalmente, estaba tan conciente como lo están ustedes ahora. 
Tanto terror era insoportable, nunca había experimentado algo así en la vida real; incluso creo que si un día viera a una horda real de zombies no sentiría tanto miedo. Creo que pronto voy a poder confirmarlo, lamentablemente.
Aquel horror con muchas bocas que se abrían desmesuradamente, y con una multitud de brazos que ya se levantaban hacia mí, me hizo emprender una huída desesperada. Seguí hacia donde iba pero no pensaba parar en mi casa pues la horda estaba muy cerca y me verían entrar en ella. La situación clásica de las películas de muertos vivientes donde los perseguidos se encierran en una casa que pronto es rodeada me resultaba muy aterradora. Buscar refugio para escapar de las oscuras calles de aquel mundo era una cosa, pero con los zombies todo cambiaba. 
Pocos metros me faltaban para cruzar frente a mi terreno cuando me encandilaron de frente unas luces. Pude ver en parte unas figuras humanas tras esas luces. Inmediatamente empezaron los disparos. Solo tuve tiempo de agacharme cubriéndome el rostro con los antebrazos. Los que disparaban habían aparecido a pocos metros de donde yo estaba, y se siguieron acercando al tiempo que disparaban. Los gritos de los zombies habían aumentado, y cuando empezaron a retroceder pude notarlo, a pesar del ruido de los disparos. ¿¡Por qué diablos no me despertaba!? 
Cuando los extraños con luces y armas llegaron hasta mí uno me gritó, para hacerse entender sobre las detonaciones: 

- ¡Tienes que ir hasta tu casa por armas! ¿Dónde está? 
- ¡Ahí! -le contesté. 
- ¡Ve y trae todo lo que tengas! ¡Y también linternas! ¡Si las tienes en la realidad, ahora están ahí!¡No te preocupes por las balas! ¡Ve! 

Aquello era mas extraño que todo lo anterior. Que alguien de un sueño me dirigiera la palabra, al igual que todo lo otro no se sentía como en un sueño ordinario, además, había dicho: “Si las tienes en la realidad”, como si supiera que aquello no lo era. Por lo menos ahora tenía unos aliados contra los zombies, pero, ¿quiénes eran?, o mas bien, ¿qué eran? 


Segunda parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-segunda-parte.html

martes, 9 de septiembre de 2014

La marioneta

Sergio recordó algo de pronto y apagó la motosierra. ¿Era allí donde había pasado aquello, o era más adentro en el bosque? Observó la fronda que se extendía en todas direcciones y no estuvo seguro; había pasado mucho tiempo. Pensó que de todas formas no importaba. ¿Qué probabilidades había de que fuera aquel mismo árbol…? 
Volvió a encender la motosierra y tumbó el árbol. Después le cortó los gajos, y hecho eso lo ató para que su mula lo arrastrara. 
Cuando iba saliendo del bosque por un sendero se cruzó con un conocido: 

- ¡Hola, Sergio! -lo saludó el conocido-. Llevas buena leña ahí.
- ¡Hola! Es una madera buena sí, pero no es para leña, es para mis marionetas. 

Y cada uno siguió por su camino. Al llegar a su hogar usó una palanca para rodar el tronco y lo colocó sobre otros. Al otro día lo llevó hasta su aserradero y lo cortó en tablones y trozos rectangulares. La madera estaba verde y tenía que esperar para utilizarla. 
Le echó mano recién un año después. Ahora la trabajó a mano. En su taller de marionetas fue tallando la piezas que formarían las partes articuladas de su marioneta. Esa tarea le llevó días. Por las noches, cuando ya era muy tarde, su esposa iba hasta el taller para llamarlo, y casi siempre era la misma discusión: 

- Te vas a arruinar la vista con esos muñecos -le decía su esposa desde la puerta. 
- Que no son muñecos, son marionetas, y este todavía es mi trabajo, y nadie se ha quedado ciego trabajando. Ve, que ya estoy por terminar -le respondía Sergio, sin apartar la vista de su trabajo.
- Ya dijiste eso varias veces. Después andas con los ojos adoloridos. Los años no pasan solos… 

Solo le faltaban los últimos retoques a la marioneta que fabricara con la madera recogida en el bosque. 
Cuando terminó de dibujarle y pintarle la cara la contempló satisfecho; mas al observarlo bien quedó algo desconforme con lo que transmitían los ojos y la sonrisa de la marioneta, no era lo que él había pretendido. Pensó que tal vez su mujer tenía razón. Se restregó los ojos y bostezó. Le iba a colocar las cuerdas al otro día.  Y fue a acostarse entre nuevos bostezos. Pero una vez acostado algo no lo dejaba dormir. ¿Por qué le habían salido así los rasgos de la marioneta? ¿Sería que su pulso ya no era el mismo?
Sergio se irguió de pronto y escuchó. Había ruidos en su taller. No quiso despertar a su mujer para no asustarla; había tantas cosas allí que hasta un ratón podría hacer un alboroto.  Al encender la luz quedó petrificado de horror: la marioneta no estaba donde la había dejado, ahora colgaba de una cuerda que le envolvía el cuello, y sus manos y piernas temblaban como tiembla un recién ahorcado.
Sergio ya había visto aquello, fue muchos años atrás. Cuando recorría el bosque y de pronto vio a un hombre que acababa de colgarse; y fue en el árbol que él taló años después para hacer aquella marioneta.  
Cortó la cuerda y metió a la marioneta en una caja. Al otro día quemó la madera que aún le quedaba, pero no se atrevió a destruir a la marioneta, y solamente la enterró en el bosque dentro de un cajón pequeño. Un tiempo después volvió al lugar donde enterrara la caja, y descubrió que la tierra estaba removida desde hacía tiempo.