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martes, 26 de noviembre de 2013

El monte embrujado

Había caminado casi toda la tarde, y cuando ya se había hecho noche me senté a un costado del camino a descansar.  No estaba solo, me acompañaba Rufo, mi perro.
Al sacarme la mochila sentí que estaba mucho más liviano y fue un alivio. Rufo se acostó a mi lado después de dar vueltas y vueltas sobre el pasto como es la costumbre de los perros. Estaba casi todo oscuro pero se distinguían algunas cosas.  A unos diez metros del solitario camino empezaba a elevarse un monte pequeño, poco más que una arboleda. No estaba muy lejos de una zona poblada, mas desde allí no se veía ni una casa, ni una luz, y por el camino hacía rato que no pasaba ningún vehículo, soledad y silencio hacia todos lados.

Cuando uno cree estar solo se sobresalta al advertir de golpe a otra persona, y esta figura dudosa se movía en la oscuridad, juzgué que a unos pocos metros de mí, no estaba muy seguro por la oscuridad.   Tenía una linterna en la mano pero no quise encenderla. Tal vez el otro no me había notado; a nadie le gusta que lo encandilen de pronto. Si era alguien que creía que no lo había notado y traía alguna mala intención se iba a llevar una sorpresa desagradable. Deslicé mi mano derecha dentro de la mochila para sentir la culata. Pero la sorpresa desagradable me la llevé yo, porque en un momento dado me pareció que no tenía cabeza.

Encendí la linterna y no había nadie. El foco de luz recorrió de un extremo al otro el montecillo pero no logré ver nada. Al encender la linterna Rufo se había parado, y un rato después permanecía así, atento hacia el monte, tenso y olfateando el aire. De repente salió disparado y se metió a toda prisa entre los árboles. Lo llamé pero no me hizo caso. Pronto dejé de escuchar el ruido que hacía al pasar entre ramas y todo volvió a estar en silencio, ahora un silencio más amargo porque mi amigo había desaparecido.  Entonces me acerqué al monte y lo llamé una y otra vez, silbé, lo llamé más fuerte por su nombre, pero cuando hacía una pausa para escuchar, nada, ni un ruido, el silencio parecía cerrarse más.

Supuse que el monte era más grande de lo que me parecía.  Ya estaba seguro de que había algo raro allí, pero no podía dejar a mi mejor amigo. Me interné entre los árboles y, linterna en mano empecé a buscarlo. En el mismo momento que gritaba o silbaba, una voz apenas audible repetía: “Por aquí, por aquí”, pero como apenas la escuchaba y sonaba junto a los sonidos que yo emitía, hasta que no la escuché varias veces no estuve seguro. Aquel lugar estaba embrujado. Empecé a desesperarme por salir. Cuando intentaba volver al camino entre una maraña de ramas, algo me habló de muy cerca, casi me susurró al oído:  “No te vayas a perder”. En ese instante creí que iba a enloquecer de terror.

Por suerte enseguida pude salir de la arboleda.  Al volver al camino seguí esperando a Rufo, aunque empezaba a creer que no lo vería nunca más.  Un rato después apareció, dándome una alegría inmensa. Y ahí si me marché de allí. Hasta no alcanzar las luces del pueblo no perdí de vista a Rufo, no porque temiera que se alejara nuevamente, sino porque desconfiaba que realmente fuera mi perro.

14 comentarios:

  1. Hola Jorge, espero seguir leyendo mas cuentos...

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  2. Geniales tus historias.

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  3. Hola vecino, soy Betto de Bs As. Me encantan tus historias, son muy buenas. Cómo ya te había mencionado, las de brujas me encantan. La forma en que las describís, es aterrador. Deberías trasladar todo esto al papel, y publicarlas. De seguro vas a triunfar. Te mando un afectuoso saludo, vecino río platense!

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  4. Hola Betto. Gracias.
    Estos ya no sirven porque han sido publicados aquí. En papel los tengo a todos, pero nunca van a estar en un libro ¡Jaja!, no tendría sentido, porque acá pueden leerlos gratis.
    Gracias por los buenos deseos, vecino. Saludos.

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  5. Muy bueno, Jorge, me gustó. El momento en que alguien susurra en el monte, aterrador.
    ¡Saludos!

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  6. Que final tan bueno..,no me lo esperaba,me a gustado mucho,la verdad...que te deja pensando..

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  7. Gracias por los comentarios. Saludos.

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  8. Me encantó tu historia. Se las leeré a mis alumnos de sexto grado para que continúen con el proyecto de cuentos de terror o suspenso. Es un gran ejemplo de conectivos para crear suspenso, escenario, estructuras, personajes y mucho mas. Un abrazo y lo mejor siempre.

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  9. Estaba bien que lo vigilara a ver si fuera su perro! YO UBIERA ECHO LO MISMO...PORQUE AVER SI SE CONVERTÌA EN ALGO RARO.

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  10. Respuestas
    1. Esto esta muy deterror para todos segun.

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    2. Hola Diana. Gracias por comentar. Saludos.

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