cuentos de terror

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cuentos de terror cortos

jueves, 31 de marzo de 2011

Fantasmas en el hospital

Los efectos de la anestesia comenzaron a disminuir. Marco abrió los ojos
Y miró el ventilador de techo que zumbaba al girar.
A Marco lo habían operado de apendicitis, y se reponía en una habitación
Del hospital. Notó que en la habitación había alguien, movió la cabeza y
Vio que era una enfermera. Estaba sentada en una silla a unos dos metros
De el. Marco pensó que aún tenía la visión borrosa, veía bien el uniforme
De la enfermera, su gorro, y una enorme aguja que sostenía en su mano,
Pero no lograba distinguir bien su rostro, lo veía como borroso e indefinido.
Cuando la enfermera se levantó Marco comprendió que no veía borroso;
Era un fantasma lo que estaba ante el.
Intentó moverse pero no pudo, tampoco consiguió gritar, la anestesia aún
Adormecía su cuerpo. Horrorizado vio al fantasma avanzar con la aguja en
La mano. Cuando estaba solo a un paso de el se abrió la puerta y el fantasma
Desapareció, un doctor entró a la habitación.
- Hola, veo que ya está despierto, le informo que su operación salió bien -
Dijo el doctor. Marco estaba pálido y comenzó a balbucear, quería contar
Lo que había visto pero no conseguía articular bien las palabras. Al notarlo
Tan alterado, el doctor decidió darle mas calmantes.
Cuando el calmante hizo efecto Marco sintió que nuevamente se dormía,
Antes de cerrar los ojos vio a la enfermera fantasma surgir desde un rincón.

miércoles, 30 de marzo de 2011

El fantasma de la escuela

Con la paciencia que le dieron los años, Umberto fue limpiando los salones
De la escuela hasta que solo le faltaba uno.
Afuera de la escuela la noche enlutaba a la ciudad. La espalda encorvada
Comenzó a dolerle mas de lo normal, y su creciente enfermedad mental se
Manifestó y el silencio de la escuela se llenó de sus rezongos y maldiciones:
- !Malditos niños, siempre ensuciando todo, a nadie le importa lo que le pase
Al viejo Umberto, que se vallan al diablo¡ - decía el viejo y arrugaba mas su
Cara con un gesto de odio.
Mientras limpiaba el último salón sintió como se le iba la fuerza del brazo
Izquierdo, sus manos semejantes a garras soltaron la escoba, después se
Desplomó en el suelo - !Malditos¡ - repitió varias veces mientras se presionaba
El pecho con las manos.
Cuando llegó la mañana una maestra lo encontró muerto en el mismo lugar en
Donde había caído. Desde ese día comenzaron a suceder cosas extrañas en
La escuela. Cuando las maestras llegaban por la mañana encontraban los
Salones desordenados, y una sustancia viscosa y maloliente se desparramaba
Por todos lados. Era el fantasma del viejo Umberto que por las noches
Recorría la escuela recordando su odio. Los primeros en verlo fueron dos
Policías; lo vieron desplazándose por el pasillo, dijeron que era calvo y
Encorvado, sostenía una escoba y tenía los ojos blancos, y por la boca
Arrojaba una sustancia líquida. Cuando los agentes lo vieron atravesar una
Pared huyeron de la escuela. Esos hechos duraron solo unos días, después
Todo volvió a la normalidad, pero hay quienes dicen que el viejo continúa
Rondando por la escuela.

martes, 29 de marzo de 2011

Frente a la casa abandonada

Ya pasaron doce años desde aquella noche aterradora. Salí de la estación de
Servicio en donde trabajaba y noté que estaba por llover. El aire estaba cargado
De humedad y se oían algunos truenos, comencé a caminar rápido para llegar
A mi casa antes de que lloviera.
Los comercios ya estaban cerrados y las personas se apresuraban por llegar a
Su destino. Las luces de la calle no dejaban ver el cielo, pero se sentía como
La tormenta crecía sobre la ciudad, y los truenos se hacían cada vez mas frecuentes,
Como si fueran los pasos de un gigante avanzando por la noche.
Yo era la única persona caminando por la calle cuando crucé frente a la vieja casona.
Muy alta y de aspecto lúgubre, con ventanales opacos y protegida por un muro
Enrejado, aquella casa abandonada siempre me había causado algo de inquietud.
El muro de la casa se extendía por toda una cuadra. Abría recorrido la mitad de su
Largo cuando sentí que una mano me aferraba el cabello por detrás; me jalaron tan
Fuerte que casi caigo de espaldas, mantuve el equilibrio y giré al tiempo que me
Ponía en guardia para enfrentar a mi agresor, pero detrás de mi no había nadie.
Por un instante estuve confundido, después crucé la calle y me alejé corriendo.
Como la ciudad es chica las noticias se esparcen rápido, resultó que esa misma
Noche dos personas mas fueron agredidas al cruzar frente a la casa, y al igual
Que yo no vieron a su agresor.

lunes, 28 de marzo de 2011

Piel de cordero

Después de haber pasado toda la tarde en el arroyo, bañándose y jugando con
Otros niños de la zona, Marcelo se encaminó hacia su hogar.
El sol ya se había puesto hacía un buen rato, Marcelo apuró el paso. Como todo
Niño rural, con trece años ya era muy independiente, pero trataba de no llegar
Muy entrada la noche, para así evitar algún posible regaño de sus padres.
La luna llena ya se había desprendido del horizonte, los pájaros se acurrucaban
En las ramas de los árboles, y comenzaron a titilar algunas estrellas.
Sabiendo que la noche iba a ser clara decidió cortar por el campo, si continuaba
Por la calle su caminata iba a ser mas larga.
Atravesó un pastizal bastante alto y bordeó la sombra de un bosque de eucaliptos.
Marcelo vio que unas ovejas se amontonaban y las oyó balar. Creyó que se habían
Asustado de el “Ovejas estúpidas” pensó mientras caminaba. Un poco mas adelante
Vio una oveja solitaria, estaba echada sobre sus patas y lo miraba con atención.
Marcelo notó que sus ojos brillaban mas de lo normal, y su boca era mas grande.
Repentinamente la oveja se levantó y comenzó a andar en sus patas traseras.
Marcelo salió corriendo, y al mirar sobre su hombro vio que aquella cosa lo seguía.
Corría de forma muy rara y sus patas delanteras se movían hacia todos lados como
Si solo colgaran de su cuerpo. La criatura no era muy rápida, después de un corto
Trecho dejó de seguirlo. Un rato después Marcelo regresó al campo acompañado
Por su padre, sus tres hermanos y los perros. Recorrieron la zona pero solo
Encontraron el cuero de una oveja, lo que persiguió a Marcelo había huido.

domingo, 27 de marzo de 2011

El enterrador

En el pueblo todos sabían que Agustín era un sepulturero descuidado, pero a falta
De candidatos que quisieran ocupar su puesto (el cual incluía la vigilancia
Nocturna del cementerio) conservó el trabajo y la gente terminó por acostumbrarse
A el. Pero la gente desconocía su lado oscuro y perverso; aparte de ser descuidado
En la excavación de fosas y otros quehaceres que incumben a un enterrador, solía
Robar a los difuntos cualquier objeto que tuviera valor, y durante algunas borracheras,
Había cometido actos mucho mas despreciables que el robo.
Una noche de luna, Agustín recorría el cementerio con paso lento y una botella en
La mano. En su embriaguez no percibió que el cementerio estaba cambiado, y que
Las estatuas de ángeles y monumentos lo seguían con la mirada, y que los muertos
Habían emergido de sus fosas poco profundas, y caminaban entre nichos y panteones.
Tropezó con algo y calló hacia delante, se volteó con un insulto y vio que algo
Enganchaba su pié, era una mano que salía de la tierra y lo aferraba con fuerza.
Mientras intentaba zafarse se le acercó una multitud de muertos y se abalanzaron
Sobre el…

Directo a la tumba

Tanto se concentró en buscar liebres, que sin darse cuenta se perdió, y al tomar
Conciencia de su situación, descubrió que estaba en una zona desconocida del
Bosque. Se colgó la escopeta a la espalda y desconcertado miró a su alrededor.
Raúl examinó su reloj, aún faltaba una hora para el anochecer, pero en aquella espesura
Los descomunales árboles mantenían el suelo húmedo del bosque bajo su constante
Sombra, y la noche parecía estar mas cerca, como si nunca se retirara del todo.
Con dificultad se abrió camino entre matorrales y malezas. El bosque estaba cada
Vez mas oscuro, y la humedad se elevaba formando una niebla fría, que pronto lo
Cubrió todo como si fuera una mortaja.
Cuando la noche se hizo dueña del bosque Raúl encendió la linterna, y sin saber
Hacia donde iba siguió marchando entre aquella enmarañada vegetación.
Abrumado por la oscuridad aplastante y lo cerrado de la fronda, encontró algo
De alivio al hallar un sendero. Tras caminar largo rato terminó frente aun
Antiguo portón de rejas. Raúl examinó el enorme candado carcomido de óxido,
E iluminó las innumerables enredaderas que trepaban por la reja, y llegó a la
Conclusión que tras el portón seguramente había una casa abandonada, la cual
Le podía servir de refugió, a esa altura de la noche el frió se estaba volviendo
Insoportable. Tomó una roca y abrió el candado de un golpe. Después de
Traspasar el portón se abocó a encontrar la casa, pero al iluminar unos monolitos
Y leer su inscripción, supo que había ingresado en un antiguo cementerio.
Retrocedió ante aquel paisaje sembrado de lápidas, pisó en el vacío y calló en
La oscura boca de una tumba abierta. Aterrizó contra algo duro y sintió el
Crujido de su espalda, había caído sobre la escopeta y se había lesionado la
Columna. Incapaz de moverse y al sentir que aumentaba el frío, Raúl supo
Que iba a morir, y al pensarlo la situación le pareció por demás irónica.
Sabía que la cacería es algo peligroso, y que hay riesgo de perder la vida,
Pero nunca pensó que terminaría en una tumba antes de morir.
Tiritó por un rato y luego quedó inmóvil.

viernes, 25 de marzo de 2011

Bultos en la oscuridad

Claudio se movió por la oscuridad de la casa. Avanzando lentamente llegó
Hasta la puerta del cuarto y entró sin hacer ruido. Sobre la cama había dos
Bultos y respiraban pesadamente. Parado al pié de la cama, Claudio los
Contempló por largo rato. Repentinamente, uno de los ocupantes de la cama
Comenzó a enderezarse hasta quedar sentado, Claudio se retiró hacia el
Rincón mas oscuro del cuarto.
- !Mauricio¡, !despertate, es Claudio, está aquí, puedo sentirlo¡ - dijo una voz
De mujer.
- Cecilia, no sigas con eso, no es bueno. Claudio murió hace un año, tenés que
Aceptar la realidad, mejor seguí durmiendo - dijo Mauricio.
Cecilia siguió sentada durante un rato, buscando en la oscuridad la silueta de
Su hijo, después volvió a dormir.

El destino del tren

Carmelo estaba sentado contra la ventanilla y miraba hacia afuera. Hacia donde
Mirara veía el mismo paisaje; un monótono desierto amarillo, sin plantas y sin
Variantes, solo arena y calma, y calor, un calor abrazador, un calor que crecía
Cada vez mas.
Sintió que hacía mucho tiempo que estaba en aquel tren, y con seguridad ya estaba
Arto de aquel continuo traqueteo, de sus asientos, del paisaje desolado e invariable.
Al pensar en esas cosas repentinamente se dio cuenta que no recordaba que estaba
Haciendo en ese tren. Hizo un esfuerzo por recordar pero fue inútil, no sabía porqué
Estaba allí. Al mirar los rostros de los demás pasajeros sintió un terror tan grande y
Tan atroz que lo hizo emitir un grito agudo. Algunos de los pasajeros tenían el rostro
Despellejado, otros tenían la piel arrugada y reseca, como si fueran momias, había
Barios que estaban renegridos y con la piel tirante, y supuraban líquidos amarillentos.
Carmelo seguía gritando cuando uno de los pasajeros habló:
- ! Deje de gritar y siéntese, el lugar hacia donde vamos es mucho peor que este ¡ -
Carmelo quedó estupefacto, los demás pasajeros dejaron de prestarle atención y
Miraron hacia afuera. El desierto amarillo había comenzado a arder, y una tormenta
De fuego resplandecía en el horizonte, ya estaban cerca…

jueves, 24 de marzo de 2011

Tragedia en el camino

Después de varias horas de baile y copas, Roberto se alejó del pueblo caminando
Bajo la luna.
Las luces del pueblo desaparecieron tras una loma, y el silencio y la vastedad del
Campo que rodeaba aquel angosto camino, lo hicieron desear llegar pronto a su
Hogar. La claridad de la noche le permitía sortear las piedras sueltas que se
Desparramaban por todo el camino de tierra “ Está feo el camino, pero falta poco
Para las elecciones, seguro que dentro de poco le pasan una máquina ” pensaba
Roberto mientras bostezaba. Seguía caminando por aquella soledad cuando vio
Que en un costado del camino terminaba de erguirse una mujer vestida de blanco.
Tenía puesto un sombrero sumamente raro, y su rostro estaba cubierto de manchas
Oscuras. Avanzó hacia Roberto extendiendo los brazos y balbuceando.
El miedo que sintió venció a las ganas de dormir y a las copas que se había tomado;
Corrió como un atleta, y no paró hasta llegar a su casa.
La mujer lo vio alejarse e intentó seguirlo, pero después de dar unos pasos
Tambaleantes calló muerta. No era una aparición, era una recién casada, y llevaba
Puesto su vestido de novia. A unos metros del camino estaba el auto en el que
Viajaba, el coche estaba volteado, y dentro de el estaba su flamante marido muerto.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Terror en el monte

Hace muchos años, estaba pescando en la orilla de un arroyo acompañado por
Mi fiel perro. Ambas orillas estaban rodeadas por una franja de monte, en el lado
Donde yo estaba no era muy ancha, después del monte estaba el campo.
Cerca de la media noche, estaba sentado en el suelo, atento a las líneas que había
Arrojado, a las cuales la fogata apenas iluminaba, a mi lado estaba acostado mi
Perro. Seguía en mi actitud casi contemplativa cuando escuché un ruido a mis
Espaldas, algo corría por el monte, pero lo extraño era que escuchaba los pasos
Pero no se escuchaba ni siquiera el roce con las ramas, y el monte era muy espeso
En esa parte, los árboles eran achaparrados y sus ramas llegaban hasta el suelo.
“Silvestre” (así se llamaba mi perro) que se había levantado al oír el ruido, salió
Corriendo rumbo a los pasos, y a pesar de que lo llamé, comenzó a perseguir a
Lo que fuera que allí andaba. Lo escuché abrirse paso por la fronda entre ladridos
Y gruñidos hasta que se alejó demasiado y todo quedó en silencio.
Quise seguirlo pero no tenía linterna, la noche era oscura, y caminar a tientas por
El monte no era una opción, lo único que podía hacer era esperar a que regresara.
Estuve silbando y escuchando por unos veinte minutos, hasta que escuché sus
Pasos regresar por el angosto camino que da al campo. Había desatendido la
Fogata y estaba casi apagada, solo las estrellas daban algo de luz, y en aquella
Oscuridad creí notar algo raro en mi perro; su cabeza era de un color claro, y
Era arredondeada, como la de un humano. Desenvainé el machete y lo alcé
A la vez que di un paso hacia aquella cosa, pero en ese instante me asaltó
Un pensamiento, si aquello no era mi perro, ¿en donde estaba mi perro?.
Cuando terminé de pensar eso aquella cabeza grotesca desapareció, resultó
Que si era Silvestre el que había regresado.
Agregué mas leña al fuego y me mantuve vigilante durante el resto de la
Noche, mas de una vez vi a la cabeza asomarse entre la vegetación, hacía
Morisquetas y volvía a desaparecer. Fue la noche mas larga de mi vida, y
El amanecer el mas hermoso que e visto.

martes, 22 de marzo de 2011

La persecución de Elisandro

Elisandro corría por una pradera anegada por las aguas de una inundación
Que iba cediendo terreno. Sus pies descalzos chapoteaban en el agua poco
Profunda perturbando el reflejo de la luna que lo miraba desde lo alto del
Cielo. Detrás de el, a una considerable distancia, cabalgaba un grupo de jinetes
Cubiertos por capas negras, que con su andar veloz las hacían volar como alas.
Junto a los jinetes corría una ruidosa jauría de perros, ladraban y lanzaban
Alaridos que se desparramaban por la noche, llegando hasta los oídos de
Elisandro, haciéndolo huir mas rápido.
Alcanzó una pequeña pero compacta arboleda y se internó en su oscuro
Follaje, para luego trepar en un árbol y esperar expectante, deseando que
No lo encontraran.
Aferrado a un tronco y cubierto de hojas, escuchó el tronar de los cascos de
Los caballos, y los ladridos de los perros se volvieron aullidos; lo habían
Encontrado. Los perros entraron a la arboleda como una ráfaga, y después
De olfatear un poco encontraron el árbol en donde estaba Elisandro.
Los jinetes desmontaron y encendieron unos faroles, a golpe de sable se abrieron
Paso hasta el tronco en donde la jauría se alborotaba. Los perros miraban y
Ladraban hacia arriba, con las patas delanteras apoyadas en el tronco, brincaban
En inútiles intentos por trepar.
Elisandro miró hacia abajo y lo encandiló la luz de un farol, después escuchó
Un tronar de escopeta y sintió como caía y golpeaba contra el suelo.
Inmediatamente después de su caída sintió los mordiscos y tirones de los
Perros, luego perdió la conciencia.
Cuando volvió en si descubrió que estaba atado de pies y manos a un tronco.
Los hombres lo rodeaban mirándolo con odio, uno de sus captores se acercó
Sosteniendo una aguda estaca en una mano, en la otra llevaba un martillo.
Elisandro mostró los dientes, y sus largos colmillos de vampiro brillaron
Bajo la luz de los faroles. La estaca se clavó en su pecho, y un golpe del
Martillo la enterró hasta el corazón.
Cuando los cazadores de vampiros partieron, de Elisandro el vampiro solo
Quedaban restos irreconocibles.

En el puente

Hacía barios kilómetros que no veía otro vehículo, ni divisaba las luces de algún
Pueblo. La noche había desvanecido el paisaje tras una cortina de oscuridad.
Nicolás conducía su auto por aquella desolada carretera rodeada de la mas
Oscura noche. Con la vista fija en el camino, escuchaba unas viejas canciones que
Lo ayudaban a disipar la sensación de soledad que le causaba el solitario paraje
Por donde circulaba.
Al acercarse a un puente que pasa sobre un caudaloso río, vio a una persona que
Caminaba por el puente. Al disminuir la distancia, distinguió que era una mujer, y
Que en sus brazos cargaba un bebé envuelto en una manta.
Ya casi cruzaba frente a ellos cuando frenó bruscamente el coche al ver que la
Mujer trepaba la baranda del puente con obvias intenciones de arrojarse al río
Junto con el bebé. Nicolás reaccionó rápido y llegó justo a tiempo para arrancar el
Bebé de los brazos de la mujer en el instante en que esta se dejaba caer de espaldas.
Calló con estruendo en la negrura del agua y se hundió hasta tocar el lecho fangoso.
Nicolás quedó atónito, impactado por aquella situación, y pasó a estar aterrado al
Oír la carcajada macabra que el bebé lanzó, y al mirarlo vio que tenía cabeza de
Demonio. Al tener algo tan horrible en sus brazos, Nicolás reaccionó por instinto, y
Arrojó al engendro hacia las aguas del río.
Al otro día, a kilómetros del puente, encontraron el cuerpo de la mujer, y no muy
Lejos hallaron el cuerpo inerte de un bebé normal.

lunes, 21 de marzo de 2011

El fantasma de la cabaña

Los árboles del bosque rezongaban bajo el cielo estrellado. El viento sacudía
Las copas y pasaba silbando entre los troncos retorcidos, y se colaba por las
Fisuras de la vieja cabaña, y movía las telas de araña que colgaban en la
Oscuridad. Las maderas de las paredes crujían y rechinaban, azotadas por
El viento incesante que llenaba de rumores la noche. Las ratas corrían pegadas a
La pared, chillando y chocando entre ellas en su apuro por salir de la cabaña.
Entre todo aquel rumor provocado por el viento, sonaron los pasos furiosos
De unos pies huesudos, y al abrirse una puerta carcomida apareció el esqueleto
Del que habitara en vida aquella cabaña. Girando la cabeza sin ojos buscó a
Alguien que ya no estaba, y con un oxidado puñal en la mano sin carne, imitó
Los movimientos que realizara en vida al matar a su esposa.
Cesó el viento y amaneció el día, y el sol de la mañana entró por la ventana,
E iluminó unos huesos desparramados.

sábado, 19 de marzo de 2011

Casa nueva, vida nueva

Unos amigos lo ayudaron con la mudanza. Cuando terminaron de desempacar
Y acomodar las cosas ya estaba de noche, Aníbal les agradeció mucho y prometió
Compensarlos con una cena.
- Tenés que comprar bastante cerveza, y vino - bromeó uno de los amigos al
Despedirse. Cuando se fueron Aníbal quedo solo en su nuevo hogar. Como estaba
Cansado se fue a acostar temprano. Dejó la luz encendida porque lo inquietaba un
Poco dormir en una casa nueva.
Despertó al sentir que una mano le acariciaba el rostro. Al abrir los ojos vio a un
Horrible monstruo a pocos centímetros de su cara. El monstruo tenía la nariz larga
Y delgada, los ojos pequeños, el pelo electrizado, y sacudía velozmente la lengua.
Aníbal gritó con todas sus fuerzas, e inmediatamente sintió un dolor agudo en el
Corazón.
La puerta se abrió repentinamente y los amigos de Aníbal entraron al cuarto riendo
A carcajadas, el que traía la máscara se la sacó y se llevó las manos a la cabeza.
- !Lo maté, murió del susto, lo maté¡ - comenzó a gritar.
Los otros callaron y miraron el rostro pálido de Aníbal, estaba muerto.

Unos meces después una familia alquiló la casa, pero la abandonaron a los pocos
Días debido a extraños sucesos. Por las noches se escuchaban gritos, y uno de
Los integrantes de la familia vio la aparición de un muchacho de cara pálida.
Era el fantasma de Aníbal rondando por la casa.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un mundo de zombies

Desde la oscuridad de la orilla del bosque, William observó la imponente casa
que se alzaba a unos cuarenta metros de donde estaba él.
El frío comenzaba a reinar en la noche. William se sentía muy vulnerable en
aquel bosque de árboles apretujados, allí podían sorprenderlo en cualquier
momento.
Antes de salir al descubierto escuchó atentamente, el bosque estaba tan silencioso
como oscuro . Corrió hasta la puerta e intentó abrirla, como suponía estaba cerrada.
Buscó en su bolso y sacó la barra de acero que utilizaba para forzar puertas, pero
anticipó que aquella mole no iba a ceder fácilmente. Pasaron unos quince minutos y
la puerta aún ni crujía ante la palanca que le aplicaba.
Desde el bosque llegó un ruido de ramas apartadas; algo avanzaba torpemente.
Los ruidos se multiplicaron, venían de varias direcciones. Marchaban lento, arrastrando
los pies y tambaleándose, eran zombies. William maldijo su suerte, estaba a punto
de huir cuando escuchó una serie de ruidos, y a continuación la pesada puerta se abrió.
- ¡Entre, ya están cerca! - dijo una voz áspera desde el interior de la casa. Los zombies
estaban a pocos metros, dudó por un instante y después entró. El ocupante de la casa
cerró la puerta y quedaron en completa oscuridad. William encendió su linterna, el
otro se apartó cubriéndose el rostro con los brazos.
- Por favor, no me enfoque directamente, paso mucho tiempo en la oscuridad y mis
ojos se han vuelto muy sensibles - dijo el extraño, William apartó el rayo de luz.
- Discúlpeme, gracias por abrir la puerta - dijo William -. Creí que el lugar estaba vacío.
Afuera los zombies se despedazaban las uñas tratando de entrar.
- Sígame, vamos a otra habitación, no se preocupe, no pueden entrar - volvió a hablar
el extraño. Avanzaron por aquella oscuridad agobiante hasta que llegaron frente
a una puerta. Una vez dentro de la habitación William comenzó a inspeccionarla.
En el fondo de ésta había formas que se movían, apuntó la linterna y descubrió
que eran zombies.
- Le presento a mi familia - dijo el extraño al terminar de trancar la puerta. Al
enfocarlo William descubrió otro horror, el hombre que lo dejó entrar también
era un zombie, un zombie que podía hablar y pensar, algo que nunca había visto
hasta ese momento. Los zombies comenzaron a acorralarlo, William supo
que era su fin…

jueves, 17 de marzo de 2011

El espectro y el campo (poema)

El viento gime entre los pastizales resecos.
La noche se tiende sobre los campos amarillentos, y
Por el cielo oscuro y encapotado, viajan lentos nubarrones
Funestos, ocultando por completo el cielo estrellado.
Desde la profundidad de la noche haciende un espectro, y
Cruza por el campo cargado de soledad, avanzando con
Singular paso siniestro, acompañando a la tempestad que
Se a desatado. Aparece el relámpago y su claridad, iluminando
Por instantes la vastedad de la llanura, por donde el espectro
Sigue avanzando en procura de su pasado.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La aparición

Lo pasó un pesado camión cargado de madera, y la ráfaga de viento casi lo hizo
Perder el control de la bicicleta. Pasado ese momento de zozobra, Juan siguió
Pedaleando por aquella ruta zigzagueante y cada vez mas peligrosa.
Se hizo noche cuando aún le faltaba para regresar a su hogar. Al pasar frente
A una arboleda escuchó algo inquietante, disminuyó la velocidad y se detuvo
A escuchar. Mientras se bajaba sacó la linterna que llevaba en el bolsillo del
Abrigo. Había algo tirado en los pastos, entre los árboles y la ruta, y se estaba
Quejando, pero aquel sonido lastimoso no era lo suficientemente claro como
Para diferenciar si era un humano o un animal.
El foco redondo de luz recorrió los pastos rompiendo la oscuridad, hasta que
Dio con dos piernas humanas que se movían. Era un hombre, estaba tirado
Boca arriba y su cuerpo estaba cubierto de sangre, por el movimiento convulsivo
De las piernas Juan supo que estaba vivo. “ Pobre infeliz, lo debe haber pechado
Un camión” pensó Juan.
Estaba por llamar a emergencias cuando notó algo en el rostro del herido, y la
Impresión le hizo soltar el celular; la cara de aquel hombre era idéntica a la suya,
Se inclino y acercó la linterna para ver mas de cerca, entonces los ojos de aquel
Hombre se abrieron y se fijaron en los de Juan.
Cuando Juan comenzó a pedalear a toda prisa, su doble se había incorporado y
Lo señalaba con el brazo extendido.
Al otro día, casi a la misma hora, muy a su pesar, Juan pedaleaba por la misma
Ruta. A medida que se acercaba a la arboleda los latidos de su corazón aumentaban.
Unos metros antes de llegar al lugar en donde había visto a su doble, escuchó un
Chirrido como de frenada, inmediatamente sintió un terrible golpe que lo hizo
Volar por los aires. Cayó en los pastos, entre la arboleda y la ruta, la tibieza
De su sangre comenzó a empaparle la ropa. Tras una larga espiración murió
Exactamente en el mismo lugar en donde había visto a su doble.

Pesadillas (poema)

Cuando el cuerpo descansa en la noche serena,
Nos hundimos en el pozo profundo de los sueños.
Y sin ver, vemos un mundo de plena fantasía, y la
Voz racional de la conciencia calla, y ya no somos
Dueños de nuestras imaginaciones, y vemos el grotesco
Desfile de anarquía, encabezado por el absurdo, y adornado
De extrañas alegorías de nuestro pasado.
Algunas veces el sueño es invadido por demonios feroces, y
Vuelven oscuros los dominios de los sueños mas felices.
Convirtiendo soleados campos en cementerios sembrados
De losas grises, y cubiertos por brumas y misterios olvidados.
El soñador corre lentamente, perseguido por monstruos
De aterradores rostros inventados, o se esconde del
Gigante terrible y cambiante que lo encuentra en todos lados.
¿Por qué las pesadillas, que sacamos de ellas, que oscuro
Impulso nos obliga a vivirlas, entenderemos algún día
Ese mundo de profundos significados ocultos a la conciencia?

La última verdad (poema)

En un mundo cambiante, complejo, e incierto,
Lleno de espejismos como un cruel desierto.
Vivimos envueltos en mentiras piadosas, que
Creamos nosotros mismos. Son castillos de
Papel, y al derrumbarse caemos en un profundo
Abismo de verdades dolorosas, y nos lamentamos
Por nuestra suerte. La única verdad absoluta,
Inevitable, y que todos compartimos, y que a todos
Espera en el último de los caminos. Es la parada
Definitiva, de todas las verdades la mas fuerte,
Es parte de la vida misma, es la muerte.

martes, 15 de marzo de 2011

El castillo encantado

Equilibrando una bandeja en la mano, Robert atravesó la oscuridad de un pasillo.
Al pasar por una amplia habitación parcialmente iluminada por antorchas, vio
Pasearse inquieta la fantasmagórica sombra del primer propietario del castillo.
Robert siguió su camino sin prestarle mayor atención, solo era un viejo fantasma.
Llegó hasta una escalera de piedra y comenzó a acender. Algunas antorchas ardían
Contra la pared resbalosa, y su luz hacía brillar los escalones húmedos y empinados
Que ascendían en espiral. Robert distinguió unos bultos enormes descendiendo por
La escalera, bajaban rápidamente apoyados en sus cuatro patas; eran los cinco
Mastines de su amo, ya muertos desde muchos años atrás. Los perros fantasmas lo
Miraron al pasar.
Al final de las escaleras había una habitación de paredes curvas, estaba en una de
Las elevadas torres del castillo. Robert entró saludando ceremoniosamente y depositó
La bandeja sobre una mesa. Frente a una gran ventana, su amo contemplaba la luna
Llena, como solía hacerlo cuando estaba vivo. Con el permiso de su amo, Robert
Abandonó la habitación y bajó las escaleras flotando.

domingo, 13 de marzo de 2011

El intruso

Sentado cómodamente en un sofá, Gustavo miraba la tele. Solo la luz del
Televisor iluminaba la habitación. La noche se había hecho larga, Gustavo
Cambiaba continuamente de canal, como un autómata que solo ejecutaba
Esa función. Su mirada estaba como perdida, y aquella sucesión de imágenes
Parecía no tener efecto en el, salvo por la sonrisa estúpida e inmóvil que esbozaba.
Creyó oír un ruido, bajó el volumen de la tele y prestó atención. El ruido venía
Del cuarto mas cercano; caminando sigilosamente llegó hasta la puerta y arrimó
La oreja para escuchar mejor. El sonido parecía una mezcla de respiración ronca
Con gárgaras. Gustavo abrió la puerta y en la penumbra distinguió un cuerpo
Arrastrándose por el suelo, al encender la luz vio que era el hombre el que aún
Estaba vivo, la mujer yacía inmóvil sobre la cama enrojecida. Gustavo sacó una
Navaja de su bolsillo y se agachó para liquidar definitivamente al dueño de la
Casa. Regresó a la habitación en donde estaba y apagó el televisor, después
Salió por la misma puerta que había forzado para entrar a la casa. Se alejó
Caminando, con la sonrisa estúpida fija en el rostro.

sábado, 12 de marzo de 2011

Caminata nocturna

Ni bien salí de mi casa sentí el aire frío de la madrugada. La helada blanqueaba
En los pastos y reflejaba algo de la luz lunar, dándole un aspecto nuevo a aquel
Paisaje tan conocido.
Tenía que caminar aproximadamente tres kilómetros por un camino rural hasta
Llegar a la carretera en donde pensaba tomar un ómnibus.
El camino era muy desolado en esa parte, todo era campo y quietud. La noche
Era particularmente clara, a lo lejos se veían unos pequeños bosques, y mas
Lejos aún se distinguía la silueta arredondeada de los cerros.
El frío me ayudaba a caminar, avancé con paso ligero a pesar del pesado bolso
Que cargaba. Cuando llegué a la parte en donde el camino es atravesado por un
Arroyo el frío se hizo mas intenso. Las maderas del puente, casi congeladas,
Rechinaron mas de lo normal, la luna se reflejaba en el arroyo inmóvil, una bruma
Acompañaba sus aguas y se alejaba serpenteando entre el campo cubierto de escarcha.
Iba tan concentrado en caminar rápido que me acordé de la casa abandonada cuando
Ya estaba casi frente a ella. La casa estaba abandonada hacía muchísimos años, yo
Nunca supe quién vivió en ella, y no se si alguna gente de la zona lo sabría. Estaba
Apartada unos cincuenta metros del camino, prácticamente era una ruina, y se
Decía que estaba embrujada.
Parte de sus paredes estaban derrumbadas, y combinadas con la luz de la luna y
La sombras que proyectaban, parecía una cabeza gigantesca, cuyos ojos y boca
Eran las ventanas y la puerta. Seguí caminando sin perder de vista la casa, la había
Sobrepasado cuando vi que de su boca, de la puerta, salía corriendo una persona
Que parecía estar cubierta por una sábana. Algo blanco la cubría o formaba parte
De ella, parecía ser una mujer pero no estoy seguro de ello, avanzó unos metros y
Luego volvió a entrar en la casa.
Llegué a la ruta agitado y con la frente empapada en sudor. El ómnibus que yo
Esperaba llegó una hora después del amanecer, resultó que me había confundido
Con el horario, y pude haberme ahorrado aquella terrible caminata nocturna.

viernes, 11 de marzo de 2011

Leopoldo y la muerte

Leopoldo se estremeció ante la idea su muerte. Las mantas ya no lo cobijaban del
Frío, pues este venía de su interior, sentía los miembros entumecidos, y apenas
Le quedaban fuerzas para mover la cabeza.
Los sonidos del hospital le llegaban como si estuvieran cada vez mas lejos, su
Cuerpo se estaba apagando, el momento que tanto temía estaba por llegar.
Desde niño solía abstraerse en oscuras meditaciones sobre su muerte. Mientras
Los niños de su edad jugaban en la calle, Leopoldo se la pasaba en su habitación,
Pensando y lamentándose por su inevitable muerte “¿Cuándo será?”.
Su juventud la desperdició entre libros que trataban ese tema, llegó a ser
Un experto en la muerte mientras dejaba pasar la vida.
Leopoldo miró hacia la ventana, aquella habitación le resultaba desagradable,
También la cama en donde estaba, las sábanas, aquel olor persistente de líquidos
Antisépticos. El cielo estaba nublado y gris, en lo alto se veía un punto negro
Y rápidamente comenzó a crecer. Leopoldo distinguió alas en aquella cosa y
Creyó que era un pájaro, pero inmediatamente descartó esa idea al ver que
Aquel ser se seguía agrandando. Era la muerte que venía a llevárselo.
Leopoldo sintió un miedo indescriptible, jamás en su vida inundada de temores
experimentó algo tan intenso. La muerte atravesó la ventana y se deslizó hacia el.
Se detuvo al lado de la cama y habló con una voz ultraterrena, llena de ecos.
-“En este mundo hay cosas peores que yo, ya lo vas a aprender” - dijo eso y
Desapareció. Un alarma sonó en los aparatos a los que estaba conectado
Leopoldo, unos segundos mas tarde unos médicos corrían hacia la habitación.
Leopoldo siguió con vida pero en estado vegetal, pero a pesar de lo que creían
Los médicos, estaba conciente. Y así permaneció durante años, incapaz de moverse,
De hablar, de comunicarse, alimentado por un tubo. Así descubrió que hay cosas
Peores que la muerte, y todos los días deseaba que llegara su fin.

jueves, 10 de marzo de 2011

Desde el cementerio maldito

Fernando regresaba de la secundaria. Cuando llegó a la cuadra de su casa descubrió
Una gran conmoción, había autos policiales, ambulancias, y montones de vecinos
Curiosos y un cordón policial, y el epicentro de todo era la iglesia ubicada
Frente a su casa. Sus padres estaban en la vereda, mirando hacia la iglesia como
Los demás vecinos.
- ¿Que pasó, porqué hay tantos policías? - preguntó Fernando.
- Parece que uno de los sacerdotes se volvió loco y mató a varias personas, y
Después se ahorcó - le contestó su padre hablando en voz baja.
Entre todo aquel barullo de policías hablando por radio, las sirenas de las
Ambulancias que partían, y el murmullo de los curiosos, resaltó el grito
Histérico de un sacerdote aparentemente atacado de los nervios.
- !Está maldita, la iglesia ahora está maldita, ya no es la casa de dios, todo el
Terreno está maldito¡ - repetía el sacerdote mientras dos policías trataban de
Subirlo a una ambulancia.
Ya era de noche cuando se retiraron los últimos policías, y la gente volvió
A sus hogares. La iglesia quedó abandonada y en silencio, rodeada de cintas
amarillas y con todas sus luces apagadas. Oscuros nubarrones encapotaron el cielo,
Y en el antiguo cementerio que hay detrás de la iglesia se produjeron ruidos extraños.
Cerca de la media noche, Fernando, que aún no dormía, se levantó para ir al baño.
Antes de acostarse nuevamente escuchó algo que llamó su atención, desde la
Calle provenían unos gemidos roncos. Descorrió la cortina y vio un espectáculo
De pesadilla; desde el terreno de la iglesia avanzaba una horda de zombies.
Con pasos temblorosos y tambaleantes, aquellos cadáveres sepultados por
Décadas se habían reanimado y se dispersaban por la calle.
Fernando quedó paralizado, sin poder apartar su mirada de aquella grotesca escena.
Uno de los zombies lo vio y se abalanzó contra la ventana, Fernando se apartó
Justo antes que el zombie rompiera el vidrio. Ante el peligro inminente Fernando
Reaccionó y salió del cuarto, a unos pasos de la puerta encontró a sus padres, que
También habían visto a los zombies.
- !Vamos a la cochera, hay que salir de aquí¡ - dijo su padre.
Al huir se llevaron por delante a algunos zombies. Toda la zona fue invadida, los
Policías no pudieron contener su avance, en unos días la ciudad estaba atestada
De muertos vivientes. Como una plaga se propagaron de ciudad en ciudad y
Cada vez eran mas. Unos meces después Fernando formaba parte de los
Sobrevivientes que combatían a los zombies. Algunas veces relataba como
Había comenzado aquel infierno, pocos le creían, preferían teorizar sobre
Virus y armas biológicas.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Las casas embrujadas no olvidan

Al final de una calle de tierra, en el borde de mi barrio, justo donde comienza el
Campo, está la casa embrujada.
Cerca de la casa había una “canchita” de fútbol, en donde solía jugar cuando era niño.
Un día, después de un partido, regresaba junto a unos amigos cuando tuve la genial
Idea de arrojar piedras a las ventanas de la casa. Travesuras de niño, cosas que
Uno hace sin maldad, claro que si mi hijo llega a hacer eso… bueno, mejor sigo con mi
Historia.Yo arrojé la primera piedra, luego siguieron mis compinches.Hecho
Nuestro pequeño acto de vandalismo huimos de la escena.
Habían pasado muchos años desde aquel día, cuando las vueltas del destino me llevaron hasta la citada casa.Alguien la había comprado, y con intención
De repararla contrató a la empresa en donde yo trabajaba como pintor.
Traté de no llegar muy temprano, pero de todas formas fui el primero.
Miré las ventanas rotas, aún conservaban unos trozos de vidrio. Una ráfaga
De viento abrió la vieja puerta, me asomé en el umbral y vi a una señora alejándose por un corredor con paso muy singular.
Supuse que era la nueva propietaria que estaba recorriendo la casa, vestía
Ropas grises y caminaba como si acompañara una procesión.
Al llegar mis compañeros les informé que adentro estaba la dueña.
- No puede ser - dijo el encargado de la empresa - La dueña está fuera del país -
Revisamos todo el lugar pero no encontramos a la mujer,los demás creyeron
LQue yo bromeaba. Mientras trabajaba se me erizó la piel barias veces, los otros
También notaron algo extraño, una ráfaga de viento recorría la casa aunque las puertas
Estuvieran cerradas. A la una de la tarde hicimos una pausa para almorzar; al agarrar
Mi bolso lo noté mas pesado, al abrirlo descubrí sorprendido que en lugar de la comida
En su interior había piedras, las piedras que arrojé cuando niño.

martes, 8 de marzo de 2011

Historias de fogón

La luz del fogón iluminaba las ramas colgantes e inquietas de los sauces que los
Rodeaban, y se reflejaba en las ondulantes y oscuras aguas de la laguna.
La noche mostraba su lado mas oscuro, los dos muchachos rodeaban la fogata.
Alfredo recorría con la mirada aquel alucinante escenario, tan nuevo y atemorizante
Para el, un citadino de toda la vida.
Frente a el estaba José, su primo por parte de madre, el muchacho tomaba su café
Con suma tranquilidad, a diferencia de su primo el se había criado en el campo.
- Nunca sentiste miedo, digo, al acampar en lugares así, tan apartados y de noche -
Habló Alfredo, su primo terminó de tragar el café.
- No ¿miedo a que? - dijo José
- No se, a un monstruo o algo así - contestó Alfredo, y después de hablar volteó
Con rapidez hacia un costado - Que es ese ruido, parece una respiración -
- Es una respiración, ahí atamos los caballos - dijo José y se echó a reír, Alfredo
También rió, pero en su interior sintió algo de vergüenza.
Por largo rato estuvieron en silencio, mirando las llamas elevarse desde las
Leñas al rojo, las ramas de los sauces se mecían como tentáculos, el viento
Que había aumentado pasaba silbando entre ellas, la noche se hacía mas cerrada,
Los caballos resoplaban inquietos desde la oscuridad. Los dos venían de mundos
Diferentes y no tenían muchas cosas en común. José tomó una rama verde y atizó
La fogata, luego rompió el silencio, que para esa altura ya estaba resultando incómodo.
- Ahora que me acuerdo si me asusté una vez, cuando era niño - dijo José y continuó
- Estábamos cazando armadillos con papá, la noche era clara, me acuerdo bien, se
Veía todo el campo. Cuando llegamos cerca de una arboleda los perros empezaron
A gruñir, paramos y prendimos la linterna, entre los árboles había sombra. Papá
Alumbró un lado y yo hacia el otro, y de atrás de un tronco vi salir a una mujer
Vestida de blanco. Del susto que me llevé cerré los ojos, cuando los abrí la mujer
Ya no estaba. Papá dice que fue mi imaginación, a mi me pareció real… - cuando
José terminó su historia Alfredo temblaba de miedo.
La noche pareció estirarse mas de lo normal, pero cuando amaneció el día despertó
Radiante, del fogón solo quedaban cenizas, y el miedo retrocedió junto con la noche.

Un mundo hostíl

La noche ocultaba el feo rostro de la cuidad. Osvaldo dormía en un rincón de
La habitación, sobre una manta tendida en el suelo.
Un leve ruido lo despertó. Siempre tuvo el sueño liviano, cada tanto se acordaba de
Agradecer esa cualidad, que en varias ocasiones había evitado que lo devoraran
Mientras dormía.
En la penumbra de la habitación, vio la puerta abriéndose lentamente, y alcanzó a
Distinguir los dedos de la mano huesuda que la empujaba. Sin apartar la vista de
La puerta, Osvaldo tanteó el mango de su machete. El intruso asomó la cabeza,
El golpe del machete fue certero, justo en el cuello, “Un zombie menos” pensó
Osvaldo mientras miraba aquel cuerpo decapitado.
Desde el corredor llegaron ruidos de pasos; los zombies habían derribado la barricada
Que obstruía la puerta principal del motel. Osvaldo ya había previsto esa situación,
Cuando los zombies entraron al cuarto, el ya descendía por la cuerda que colgaba
De la ventana. Estaba en el segundo piso, al terminar de bajar miró hacia arriba,
Otra vez se había salvado. Comenzó a correr por la calle, algunos zombies le salieron
Al cruce, pero Osvaldo los evadía y los dejaba atrás con facilidad. Ahora debía buscar
Otro refugio.
El mundo estaba infectado de zombies, y solo sobrevivían las personas fuertes e
Ingeniosas, y de sueño liviano.

sábado, 5 de marzo de 2011

Cazador nocturno

La noche no era del todo oscura, la luz lunar caía en rayos perpendiculares al
Filtrarse entre el follaje del bosque.
Los perros se adelantaban rastreando el suelo y olfateando el aire.
Mariano caminaba junto a su padre, se desplazaban cautelosos, ambos cargaban
Escopetas, y llevaban mochilas con todo lo necesario para acampar, no pensaban
Regresar a su hogar sin haber liquidado a la cosa que se estaba comiendo a sus ovejas.
Les costaba trabajo avanzar entre la espesura del bosque, apartando y esquivando
Ramas, y tratando de ver en donde pisaban, encendían sus linternas solo cuando les
Era imposible ver por donde iban, no querían alertar al depredador con sus luces.
La familia de Mariano tenía un campo en donde criaban un modesto rebaño de ovejas.
El campo limitaba con un espeso y enorme bosque, y ahí suponían que debía vivir
La bestia que estaba diezmando su rebaño.
Ya habían recorrido el bosque durante el día sin resultados, Roberto, el padre de
Mariano, supuso que el animal debía tener hábitos nocturnos.
Ya hacía barias horas que caminaban entre follajes densos y sombras, y aún no
Encontraban a su depredador.
- Lamentablemente creo que lo mejor va a ser separarnos, para abarcar mas terreno -
Dijo Roberto - Yo me quedo con el “Corbata” los otros perros los llevas vos -
Mariano estuvo de acuerdo y llamó a los perros para que lo siguieran.
- !Vamos, “Barbilla”, “Malevo”, “Tony”, vamos¡ -
Al rato de separarse, Mariano se topó con una zona mas densa aún. Las enredaderas
Se cruzaban de un árbol a otro y las ramas se juntaban, a la vez que la oscuridad
Se hizo mas apretada. Con la ayuda de su cuchillo de monte, y a costo de mucho
Sudor, alcanzó una zona mas despejada, pero luego de escuchar atentamente, se
Dio cuenta que los perros lo habían abandonado, seguramente habían regresado
Con su padre.
Al encontrar un sendero se sintió mas aliviado y decidió descansar un momento.
Estaba por volver a marchar cuando escuchó una serie de pasos cerca de el.
Vio un bulto moviéndose entre las sombras, era algo ágil y grande. Buscó con
La linterna hasta que dio con dos ojos brillantes que lo observaban.
Con tremenda rapidez, la bestia corrió hacia el y le saltó; en ese instante retumbó
Un disparo de escopeta. El estruendo hizo eco en el bosque, cuando todo
Volvió a estar en silencio, a los pies de Mariano había un inmenso lobo muerto.
Al rato llegó Roberto, agitado por la carrera y preocupado por su hijo, pero al
Ver al lobo muerto se alegró y se llenó de orgullo, su hijo había acabado con el
Depredador. Decidieron despellejar al animal y llevarse la piel como trofeo.
Cuando llegaron a su hogar el sol ya había asomado, la madre de Mariano salió
A recibirlos.
- Lo cazamos, Mariano lo mató, era un lobo inmenso, aquí está el cuero - dijo
Roberto. Apenas sacó la piel de la mochila la dejó caer al suelo y retrocedió
Espantado, su esposa lanzó un grito de terror, y Mariano contempló anonadado
Aquella piel blanca y delgada, no era el cuero de un lobo, era piel humana.

viernes, 4 de marzo de 2011

La visita (poema)

Me miro como lo hacía antes, con sus ojos
Empapados en bondad, y su bello rostro lleno
De luminosidad radiante, y sus blancos dientes
Asomaron entre los exuberantes labios rojos.
Se acercó y con gesto lento, posó su blanca mano
Sobre mi rostro, intenté eludir su caricia pero fue
En vano, y sentí el rose de sus dedos muertos.
La que amé y ya no existía fue a visitarme.
Parada junto a mi lecho, vio en mis ojeras de
Moribundo la cruel agonía, y decidió llevarme para
Estar por siempre juntos, y ser felices como lo fuimos
En este mundo.
Creí que en el fin de mis días me volvía a sonreír la suerte,
Pero luego vi la túnica negra, no era mi amada, solo
Era la muerte.

El día de los muertos (poema)

Danzan los fantasmas en el cementerio silencioso.
Se mueven en círculos y resplandecen fulgorosos.
Son fuegos fatuos que se elevan desde las tumbas,
e iluminan la noche oscurecida por las penumbras.
Recorren el campo santo levantando muertos, que
abandonan sus restos desparramados en ataúdes, y
danzan bajo la inaudible música de invisibles laúdes.
El enterrador tiembla en su casilla y se persigna ante
la visión aterradora de las danzantes luces amarillas.
Esa noche todo lo que dormía a despierto, es la noche
del dos de noviembre, día de los muertos.

El guardian del bosque (poema)

En medio de un bosque grande y sombrío
Inundado por una niebla encantada, donde
No se oyen los cantares de las aves, se encuentra
La casa abandonada.
Las hiedras trepan por sus paredes agrietadas, y
Cuelgan sobre el techo como serpientes encumbradas
Al asecho.
Al decender la noche sobre aquel bosque lúgubre
Su niebla tétrica crece hasta que todo lo cubre, y
De la casa abandonada, surge un fantasma de silenciosas
Pisadas. Recorre lentamente los senderos, mirando todo
Con sus cuencas sin ojos, es la imagen de un esqueleto,
De lo que fue un hombre solo sus despojos.
Deambula por el bosque hasta la madrugada,
Luego vuelve a la casa abandonada, que no abandona.

miércoles, 2 de marzo de 2011

A la Luna (poema)

A veces redonda como una moneda de oro,
Recorres el cielo nocturno despejando las
Tinieblas, que dan paso a tu ojo que lo ve todo.
En los días en que tu luz reveladora mengua, y
Las sombras cobardes asaltan los caminos,
Te añoran y te buscan en el cielo, las miradas
Mansas de los peregrinos, que avanzan por la
Noche aterradora.
O luna reina de la noche, por ti levanto hoy mi
Vaso de vino; que no me asalten las sombras
Del terror, y alumbra siempre mi camino.

martes, 1 de marzo de 2011

Andrés y el fin del mundo

A pesar de sus intentos, ningún vehículo se detuvo para darle un aventón.
Andrés siguió su eterno peregrinar avanzando a pie por el costado de la ruta.
Desde niño su vida fue torcida por la mala suerte, que ya era una constante
Compañera, fiel e inseparable.
Su mala fortuna lo arrastró inevitablemente hacia la calle y la mendicidad.
Caminaba por la carretera buscando alguna ciudad pequeña o pueblo, en donde
La gente suele ser mas generosa, según le habían dicho.
La carretera estaba rodeada por campos amarillentos, un viento frío gemía al
Pasar y revolvía la melena desprolija de Andrés, el cielo estaba completamente
Nublado, y a lo lejos se veía una columna gris de llovizna avanzando con el viento.
Sus pasos llegaron hasta un lugar en donde un camino rural se conectaba con
La carretera. Sin mucho pensarlo decidió seguir aquel camino, estaba resignado
A que la última palabra la tenía su mala suerte, incluso sentía algo de curiosidad
¿Qué tipo de infortunio sería esta vez, que le tendría preparado su compañera?
Lo alcanzaron las frías agujas de la llovizna, se encorvó y trató de caminar mas
Rápido. El camino era mas desolado que la ruta, hacia donde dirigiera la mirada
Veía el invariable paisaje de campos desnudos y amarillentos, y la llovizna
Comenzaba a calarle hasta los huesos.
Divisó un sendero transversal al camino, recorría unos trecientos metros y
Llegaba a una edificación.
Cuando llegó al final del sendero, descubrió que la edificación era un cementerio
Rodeado por un muro.
Sus miembros estaban entumecidos, y no podía parar de temblar. El instinto
De conservación lo hizo buscar un refugio en aquel tétrico lugar. Si no se
Guarecía iba a morir, en ese momento en su mente no había lugar para el miedo.
El portón de rejas estaba abierto, adentro todo era decrepitud y abandono.
Hiervas malas y arbustos crecían libremente, y ocultaban a la mayoría de las
Lápidas. El cementerio daba muestras de estar abandonado desde hacía décadas.
El candado de una cripta había sucumbido al herrumbre, Andrés utilizó sus
Últimas fuerzas para abrir la pesada puerta metálica.
Un olor nauseabundo brotó desde el negro interior de la cripta, como si fuera
Un aliento infernal. Era un aire viciado de muerte, condensado por décadas
De lenta putrefacción. Andrés se desplomó en el umbral y rodó escaleras
Abajo y quedó inmerso en aquel olor y aquella oscuridad.
Al otro día, un conductor vio a Andrés caminando tambaleante por el borde
De la carretera, se detuvo y abrió la ventanilla.
- ¿Quiere que lo lleve? - preguntó el hombre. Con un movimiento de fiera, Andrés
Lo tomó por la cabeza y comenzó a morderlo.
Un año mas tarde hordas incontables de zombies recorrían la tierra devastada.